16 Marzo 2008
Informacion sacada de: http://www.aula21.net/Nutriweb/dieta_equilibrada.htm
Recientemente el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) introdujo "La Pirámide de Los Alimentos" al publico. Esta pirámide es una estrategia educativa adoptada para promover un modelo, o guía, para seleccionar una variedad de alimentos. La pirámide ha ido substituyendo como elemento didáctico a la tradicional 'rueda de los alimentos'. En ella pueden verse representados los diferentes grupos de alimentos y la importancia cuantitativa que deben de tener en nuestra alimentación según el tamaño que ocupan en la pirámide. Así, vemos que la base de nuestra dieta deberían ser los alimentos vegetales de todo tipo complementados con cantidades adecuadas de lácteos, cárnicos y aceites y grasas.

En la base de La Pirámide se incluyen los panes, el arroz, los cereales, y las pastas .En el segundo nivel (desde la base, hacia arriba) se encuentra el grupo de las hortalizas y el grupo de las frutas. En el tercer nivel esta el grupo deleche y sus derivados. En el pico de La Pirámide se incluyen las grasas y los dulces y bollería.
Conceptualmente, La Pirámide enfatiza una dieta alta en los panes, cereales, arroz, pastas, vegetales , hortalizas, y frutas. Estos alimentos contienen carbohidratos complejos como los almidones y las fibras. Además, algunas hortalizas y frutas proveen las vitaminas A y C. Estas comidas también son bajas en grasas.
Los productos lácteos, como la leche, el yogur, y los quesos proveen calcio y proteína. Por lo general estas comidas contienen lo que se refiere como "las grasas invisibles. " Por lo tanto, es importante leer la etiqueta cuando se compran estas comidas para seleccionar los productos bajos en grasa. 
Es fácil aprender a aplicar los conceptos de La Pirámide. Recuerda que tu dieta debe enfatizar las comidas en la base de La Pirámide.
SEIS consejos básicos que yo daría en base a lo dicho son:
Consejos para una dieta equilibrada:
No comer carne roja más de una vez al día, alternar con pollo o pavo. Es preferible comer más pescado. Evitar en lo posible embutidos y carnes preparadas. De huevos lo más aconsejable son de 2 a 3 semanales
Disminuir el consumo de productos lácteos, sobre todo los grasos como la nata, mantequillas, cremas, helados . El yogurt, el requesón y la leche descremada son los mejores.
Las legumbres también han de formar parte de nuestra dieta. Dos raciones a la semana y a ser posible de variedades distintas como garbanzos, judías o lentejas
( 1 ración 150 gr. aprox.).
Las frutas y verduras han de ser abundantes en nuestra dieta, tanto crudas como ligeramente cocidas, porque la cocción prolongada destruye las esenciales vitaminas. Su aportación de vitamina C, carotenos, hidratos de carbono, fibra ,ácido fólico y sales minerales son imprescindibles para nuestro organismo.
Reducir el consumo de productos de bollería- sobre todo la industrial- y pastelería.
Como postre o entre horas es mejor la fruta fresca a los dulces.
La cocción de los alimentos debe ser preferiblemente a la brasa, hervidos o al horno.
servido por nessa-san
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11 Marzo 2008
Abrió los ojos, sobresaltada, y se incorporó rápidamente. Tenía los ojos llorosos, la cara empapada, y le dolía muchísimo la cabeza. Tardo unos segundos en asimilar su situación. Miró a su alrededor… estaba en un hospital, y llevaba un camisón. Hacía un momento estaba en una bañera con Mia, pero ahora… estaba ahí. ¿Qué había pasado?
-¿Mia? … ¿Angel?... ¿Dónde estáis?
-… nadie vino a visitarte. –una voz ronca y seria provenía de la cama de al lado.
-Mia… --Yoko no miró a ese chico que intentaba entablar una conversación con ella. –Mia… ¿Ha sido…un sueño?.. ¿cómo he llegado aquí…?
-…
Se incorporó y empezó a examinar la habitación. Estaba en un hospital, la habitación era amplia, pero sólo disponía de dos camas, una televisión, dos mesas para poner las mantas y un sofá. Miró por la ventana que había al lado de su cama, estaba en un piso bastante alto, así que sería la planta de reposo. Seguramente había estado unos días allí, inconsciente. No sabía que había pasado… ¿Lo había soñado todo? Recordaba haberse tropezado… y de repente, estar enfrente de su cuerpo inerte. Todo era demasiado confuso para ella.
La sensación de estar siendo observada le recorrió la espalda como un escalofrío. Miro de soslayo hacia la cama de su compañero de habitación.
Tenía la cabeza vendada a la altura de la frente, y un camisón blanco al igual que ella. Le resultaba familiar, pero no conseguía recordarle. El chico estaba escuchando música, y la miraba de vez en cuando.
-Hola… -La voz de Yoko sonó tímida e indecisa, no estaba acostumbrada a relacionarse con los demás.
-… -el chico la miró como respuesta, la única frase que había dicho supuso un gran esfuerzo para él.
Se quedaron así, mirándose, sin atreverse a hablar. Un incómodo silencio se apoderó de la habitación. Por simple nerviosismo, Yoko desvió la mirada hacia la mesita que había al lado de la cama del chico. Encima de las mantas allí dobladas, había un osito.
Un osito de peluche… se quedó observándolo, estudiándolo, como si fuera lo más fascinante que hubiera visto en su vida. Era solo un peluche, pero a Yoko le parecía el peluche más bonito de la historia. Mientras lo miraba tan fijamente, le transmitió una cálida sensación, se sintió cómoda y extrañamente feliz. El osito le arrancó una tímida sonrisa. Y no porque su mente estuviera buscando desesperadamente una excusa para no mirar a aquél chico, si no porque conocía aquel osito de peluche.
El chico notó la fijación de su compañera por su oso, y se apresuró a intentar hablar.
-E…s un …
-Regalo… -Yoko habló ensimismada. Con un tono de voz suave, parecía estar reviviendo un sueño. Y no dejaba de mirar el osito.
-S..sí, eh..¿cómo…? –Nunca terminaba sus frases, era como si las palabras le hicieran daño al salir de su boca.
Yoko se acercó al peluche, lentamente, como dirigiéndose hacia un tesoro que acabara de descubrir. Lo miró más de cerca.
-¿Cómo te llamas?
-Winny.
-… jajaja –Yoko se rió a carcajadas. –No puedes llamarte Winny, ¡cómo te llamas tú, no el osito¡
-A…h…esto… -Se sonrojó y sintió mucha vergüenza, lo cual terminó de impedir que hablara.
Yoko se acercó aún más a él, mirándole directamente a los ojos desde muy cerca, y apoyando las manos a ambos lados de sus piernas.
-Dime –Sonreía como si le conociera de siempre.
-Deisuke.
-Dei… yo soy Yoko. Y bien, ¿Qué haces aquí?
-Eh… -su corazón le latía como si quisiera salir del pecho, y estaba empezando a tener demasiado calor. Esa chica le sonreía y trataba como si le conociera y fueran amigos. Como si le viera como la persona que es y no como el chico extraño y marginado que todo el mundo veía. –Salí… el sábado… y me golpeó un coche…
-¿Saliste? ¡Qué bien¡ ¿Con quién?
-Eh… bueno… es que quería llevarle una cosa… el oso…es que una chica… osea tú te caiste en el parque y yo… bueno dije se parece a mí…y bueno…claro yo … pues eso quería traerte… como estabas aquí pues quería venir… y si parece que llegué bien sí… y solo quería ver si estabas… bien porque había…sangre y… eso. –Tomó una gran bocanada de aire tras el esfuerzo de haber hablado tanto, y miró de soslayo a Yoko, comprobando si le miraba como un bicho raro. Pero no era así, continuaba mirándole igual.
-¡ah¡ me alegro que estés bien… pero… ¡no¡ ¿Cómo me he podido olvidar? ¡Mia¡ ¡No era un sueño… Mia¡
Yoko salió corriendo. En el pasillo había muchas enfermeras, así que Yoko mientras corría por el abarrotado pasillo gritaba el nombre de su amiga. Una enfermera la interceptó.
-Tú eres Yoko no? Tranquila, vuelve a tu habitación, acabas de despertar ¿no es así? Espera que te vea…
-Una chica…se quería suicidar… ¿Dónde está?
-Ah, la suicida, está en la UCI ahora, está estable… vaya susto.
-UCI…
Volvió a salir corriendo, esquivando camillas y personal, mientras la enfermera la llamaba desde lejos. Le daba igual. Ni siquiera se dio cuenta de que llevaba un camisón e iba descalza y con la cabeza vendada. Sólo quería ver a Mia. Oyó como alguien grito algo detrás suya “!llamen a seguridad¡. Así que aumentó la velocidad. Le temblaban las piernas, apenas podía mantenerse en pie, pues había estado varios días tumbada inconsciente. Por eso iba tropezando, resbalándose… pero aún así seguía, corriendo, más y más, con todo el dolor que eso le ocasionaba.
Bajó las escaleras saltándolas. Mia estaba en la primera planta. En el último tramo de escaleras resbaló y cayó. Mientras miraba el techo, en el suelo, se sentía muy cansada, le dolían las piernas, y la cabeza. Estaba mareada y escuchaba un gran revuelo debido a su fuga. Estaban buscándola… Tenía que levantarse…
Deisuke estaba perplejo. “Qué chica tan extraña…” Se decía para sí mismo. Salió a mirar qué pasaba, y vio a varios guardas correr hacia las escaleras y a algunas enfermeras hablando exaltadas. Se acercó un poco para oírlas mejor.
-Sí sí… preguntó por la suicida y salió corriendo… Dios sabe porqué… debe estar muy desorientada, ¿Quién le habrá hablado de ella? Ya decía yo que debía estar en vigilancia constante por si despertaba… ahora mírala, se va a hacer daño…
Sintió nauseas. Hipocresía, era lo único que veía. Esas enfermeras estaban encantadas de tener algo de lo que hablar. ¿Qué más da que fuera la desgracia ajena? Deisuke odiaba eso, odiaba todo lo relacionado con las personas… porque siempre llevaban máscaras, no había conocido a nadie con profundidad nunca. Todos eran simples contenedores vacíos, sin moral, sin principios, si sentimientos. Egoístas que deseaban el mal de los demás para poder tener un tema de conversación al día siguiente. Y esa chica… era capaz de ver más allá, igual que él. Era especial. Y para ella era importante salir corriendo a ver a esa suicida… ¿Qué estaba pensando? Se estaba preocupando por alguien… hacía mucho que no se sentía así, deseoso de proteger a una persona.
Pero también hacía mucho que no recibía una mirada cariñosa y sincera.
Salió corriendo hacia el mostrador que había un poco más adelante, dónde estaban las enfermeras. Miró a los guardas que estaban ya a punto de llegar a las escaleras.
Y gritó, todo lo alto que le dejaron sus cuerdas vocales. Gritó como nunca, cogió uno de los ordenadores y lo tiró contra la pared opuesta al mostrador.
Todo el pasillo se quedó en silencio durante unos momentos, mirándole, y luego todos gritaron de terror. Los guardas fueron corriendo hacia él, sacando sus porras y esposas. Las enfermeras se abrazaron, y todos los demás se agacharon, esperando que sacara una pistola.
Pero él estaba en camisón, y descalzo. Así que hizo lo único que podía hacer: correr en dirección opuesta a su amiga.
Los gritos provenientes de la planta de arriba la despertaron. ¿Se había dormido? ¿En una situación así? Parecía que algo había pasado… eso le daría tiempo… Se arrastró hacia el ascensor, tenía que darse prisa…
Cuando estuvo dentro, se incorporó, abajo probablemente no supieran mucho de lo que acababa de pasar. Y si lo sabía, no la conocerían… ¿o sí? El caso es que tenía que aparentar que no era ella.
Salió del ascensor, estaba en urgencias. Salió a una sala de espera, que se abría hacia un largo pasillo que terminaba en una puerta amplia y verde, la UCI.
A paso tranquilo pero seguro, se dirigó hacia allí.
-Hey chica.
El corazón le dio un vuelco. ¿Qué haría ahora? ¿Correr otra vez? No… no tenía fuerzas… aparentar, era todo lo que tenía que hacer… al resto del mundo le funcionaba, ¿por qué a ella no?
-Hola… ¿Qué pasa?
-¿Quieres ver a alguien?
-Eh…sí, a mi prima… se llama Mia.
-Ah, así que eres familiar. Está bien te acompañaré.
Yoko suspiró profundamente, si alguna vez en su vida había pensado que tenía suerte, se había equivocado, esto sí que había sido suerte.
Entró en una sala en la que una veintena de camas se disponían paralelamente. Cada cama era amplia, con monitores, bombonas de oxígeno, y muchos más utensilios que Yoko o había visto en su vida. Había muchas personas allí, todas parecían bastante graves. Siguió al enfermero. Mientras andaba observaba a aquella pobre gente. Todos tenían mascarilla de oxígeno y una vía puesta. Algunos se quejaban, otros permanecían inconscientes, otros lloraban… Era horrible. El enfermero se paró de golpe y Yoko chocó con él. Iba demasiado ensimismada.
Le estaban buscando, ¿Qué iba a decir? Sí, lo de hacerse el loco era buena idea, saldría y empezaría a preguntar cosas sin sentido. Se había dado un golpe en la cabeza, lo entenderían… Pero ahora se encontraba en esa estrecha habitación, a oscuras, entre un montón de productos de limpieza. ¿Habría llegado Yoko ya a su destino? ¿Estaría bien? La duda le asaltaba, y le hacía sentirse muy mal…quería que estuviera bien y feliz. Era una persona sincera, a las personas así le tendría que ir bien todo… pero para que engañarse, sabía que no era así. A él siempre le habían ido mal las cosas… ¿por qué a él? Se había preguntado tantas noches solitarias… de pequeño, todas las burlas, siempre pensó que cuando fuera mayor y más fuerte todos le querrían, que todo mejoraría… y sólo pensó en hacerse mayor. Luego creció, obviamente. Tuvo sus 15 años… y mejoró notablemente, pero aún así seguía vacío porque nada de lo que había soñado se cumplía. Seguía siendo infeliz. Y ahora, con casi 20 años… ¿Qué era? Nada. Estaba solo, sin motivación. Porque se había pasado toda su vida soñando y dejando que el tiempo pasara. Sólo había esperado que algo tocara a su puerta. Pero iba a cambiar. La corriente no iba a llevarle durante más tiempo. No iba a esconderse nunca más.
Se levantó, decidido, y abrió la puerta de un golpe. Nunca más, nadie le pisaría nunca más, porque él era igual, no…él era mejor que todos los contenedores que le rodeaban. Él tenía profundidad. Y sueños… él y sólo él podía mejorar su vida.
Mia… Se acercó lentamente. La chica estaba tumbada en la cama, débil y pálida. Miró a Yoko con muy mala cara. No parecía la chica con la máscara de felicidad de siempre, ahora mostraba sus sentimientos. Se encontraba mal, y miraba mal. Eso le encantó a Yoko, se sintió orgullosa.
-Me alegro…de que estés bien.-Su voz sonó muy cansada y abatida. Mia la miró, y vio el estado en que se encontraba. La miró a los ojos… no, no era hipócrita, se preocupaba por ella. De verdad.
-Gracias…
Yoko oyó como unos guardas entraban por la puerta. Alguien la había reconocido. Le daba igual… ya había hecho lo que quería, pero recordó algo y se apresuró a decirlo.
-Quiero… ser tu amiga.
Se quedó perpleja. Qué chica tan extraña… ¿se habría escapado del ala de psiquiatría? Pensó no pensar en ese ala… después de todo probablemente la llevaran a ella allí tarde o temprano. Miró como se llevaban a aquella chica, que aún la miraba con cariño y le sonreía. Se sentía bien. No sabía porqué, pero mirándola había tenido la misma sensación que cuando estaba en la bañera… le había transmitido calor… y cariño, sincero, muy sincero. Ella había sido una máscara tanto tiempo. Había tenido ese muro a su alrededor durante toda su vida… y al final, la única forma de escapar de la jaula que ella misma había creado, era suicidarse. Una forma cobarde. Era una cobarde. Y una hipócrita. Había ocultado sus sentimientos y deseos pensando que era para que la gente se sintiera mejor… pero no. Ese era el camino más fácil. Por eso lo había hecho. Es tan sencillo esconder los sentimientos… y tan difícil vivir con ellos a flor de piel, dejando que el mundo los vea. Porque así los demás pueden hacerte daño, pero a partir de ese día, había cambiado. Nunca más. No volvería a ser una muñeca nunca más. Le daba igual que la golpearan, que la hicieran llorar, que la consideraran una perdedora… iba a hacer lo que quisiera en cada momento, aún a costa de ser considerada estúpida, iba a reír cuando fuera feliz, y llorar al estar triste, y gritar al tener miedo. Iba a vivir. Quería ser igual de valiente que esa chica a la que se acababan de llevar.
Aunque había decidido ir por sí mismo, parecía que los guardas estaban muy enfadados por haberles hecho correr. Así que lo llevaban cogido de los brazos fuertemente. Lo llevaron de vuelta a su cama, y le pusieron correas alrededor de muñecas y pies. Creían que estaba loco, y no se lo discutía. Un médico fue a observarle y concluyó locura transitoria post-traumática. El hecho de haber dicho que los alienígenas querían capturarle había ayudado mucho al diagnóstico.
Ahora se reía. Era muy feliz. Atado a esa cama, solo en la habitación… pero era feliz. Había escuchado que ya habían capturado a Yoko, en la UCI. Así que había llegado hasta allí… se alegraba muchísimo. Él pudo ayudarla…
Una nueva pareja de guardas cansada y sudorosa entro por la puerta, llevando consigo a una chica despeinada, con el camisón casi caído y roto, llena de magulladuras… y sonriente.
La ataron a la cama también.
Los guardas se fueron murmurando insultos hacia la pareja de locos que se hallaba en esa habitación.
Los chicos se miraron y sonrieron.
-Al final llegaste a la uci –Deisuke se extrañó de lo bien que le había salido esa frase, una extraña sensación de fuerza y seguridad le había invadido en aquel cuarto de la limpieza, y aún le perduraba.
-Sí… Algo me dio tiempo a huir…
-Alguien.
-¿? No… fuiste tú? Espera…¿Por qué estás atado también?
-Locura transitoria post-traumática… los aliens me dijeron que tirara el ordenador de las enfermeras.
-Claro…
Se miraron… y estallaron en carcajadas. Se rieron todo lo que pudieron, hasta llorar, hasta dolerle el vientre y no poder más. Se rieron para compensar tanto tiempo de llanto y lamentos. Ahora no importaba nada más que aquella habitación, y ellos dos. Conectados por alguna mágica razón. Qué más da el porqué, y el cómo… se conocían, y eso era lo único que importaba. Habían encontrado a alguien que les hacía ver el mundo como algo por lo que luchar.
-¡Hey Yoko¡ Venga que llegamos tarde. Deisuke…¿Se puede saber qué haces? ¿Quieres dejar a ese perro ya?
-Me gusta el perro…
-Dei… ¿me compras un helado?
-No me lo puedo creer… que tenemos cita con el psi…
-¿De chocolate?
-¡!!Si porfi porfi¡¡¡
-Voy…
-Dios mio… os odio… -Mia siguió a Yoko y Deisuke, que se dirigían al puesto de helados.
Mientras comía su helado, Yoko miró a sus amigos. Mia estaba sentada en un banco mirando los árboles. Desde que le había contado a los dos todo lo que pasó, se habían comportado diferente. Le habían puesto palabras a lo que sintieron aquella vez. Dei siempre abría su ventana, y Mia siempre iba al parque.
Miró a Dei, jugando con el perro, seguía siendo igual de soñador, pero ahora compartía sus sentimientos y su tiempo con ellas. Y Mia… seguía siendo una perfeccionista, pero ahora se permitía fallar y volver a empezar.
Habían empezado a ver la vida como realmente era. No buena, pero tampoco mala. Con sus momentos felices y tristes… y con amigos. Porque por mucha maldad y hipocresía que hubiera en el mundo, siempre quedan seres que iluminan el día con luz interior.
Y allí estaban, delante suya, cada uno con sus defectos y virtudes, pues eran humanos. Imperfectos, incomprensibles… pero aún así, especiales. Ahora lo veía, ahora todo estaba claro. La vida nunca está perdida, siempre se puede empezar de nuevo. Siempre queda una solución… la de aceptarse a uno mismo, y aceptar a los demás.
-Yoko… se te está derritiendo el helado.
-Sí… lo siento.
-Gracias, Angel…
servido por nessa-san
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8 Marzo 2008
Entonces cambió la escena. Yoko de repente se encontró delante de otra chica, bastante guapa. Estaba en una biblioteca muy concentrada en lo que hacía. Miró el reloj, eran las 10 de la mañana, y volvió a concentrarse rápidamente. Yoko pensó que iba a estar así bastante tiempo, así que salió de la biblioteca.
-Tienes que estar con ella, por eso te he traido...
-Ya lo se, pero es qu..
-Vuelve.
Volvió a aparecer delante de la chica. "Pues vaya... "
Y así estuvo, durante horas, sin levantar la vista del libro. La única señal de que seguía viva era cuando pasaba página.
-Pero como puede estudiar tanto...
Llegarón las dos de la tarde, y la chica guardó sus cosas y salió a la puerta, donde la esperaba un chico muy apuesto, bien vestido. Se dieron un beso y se fueron andando juntos. Yoko los miraba con expresión de tener náuseas. "son tan perfectos... buaf".
-Quiero volver con Deisuke, parecía estar más feliz esta mañana, quiero ayudarle a él, no a doña perfecta.
-¿Otra vez lo estás haciendo?
-Hacer qué... esta no tiene nada que observar...
-Prejuicios, es lo único que haces. Nunca intentas entender, ver más allá de la capa externa que tiene todo el mundo. ¿De verdad piensas que ella es perfecta y feliz? Sigamos observándola. Crees que solo los que son como tú sufren y son marginados, y que solo los que no tienen suerte (según el concepto que tienes tú de suerte) tienen derecho a tú amistad? Así como quieres que alguien se interese por tí? No te das cuenta que es una serpiente que se muerde la cola?
-Pero la estás viendo? Inteligente, guapa, con novio...
Una sensación de vértigo la calló, todo empezó a dar vueltas, y se encontraron delante de un bar. La chica estaba dentro con su novio. Se reían y se cogían de la mano.
-Anda pobre, seguro que ahora se rompe la uña, ¿como se puede ser tan desafortunada?
-...
Yoko, sabiendo que no podía moverse, se resigno y siguió mirando con mala cara a la chica.
-A esta no le pienso poner nombre...
Algo llamó la atención de Yoko. El novio la estaba mirando, a ella, directamente. El corazón le empezó a latir fuertemente "se suponía que no me veían... qué hago...¿?"... en un acto reflejo, se dió la vuelta, y entonces vió a una atractiva mujer con escasez de ropa. Si no hubiera sido casi un fantasma, se habría chocado con ella.
-Vaya, a esta se le ha perdido la ropa, pobrecita... eh¡ La estaba mirando a ella ¿no?
-Mira...
-Vaya, están discutiendo, supongo que se habrá dado cuenta. Bueno pero qué más da, ella es tan perfecta, ya encontrará a otro, seguro que tiene a millones detrás, no tendrá dificultad. ¿Podemos volver con Deisuke?
-...
La chica se levantó bruscamente y salió del bar. Su expresión no parecía denotar la más mínima tristeza. Andaba con paso firme, segura de sí misma. Era la típica persona que se hacía notar, de la que cualquier chico se enamoraría, y que cualquier chica querría como amiga... bueno, cualquier chica excepto Yoko. Fueron andando hasta un hospital.
-Mia... eso se lee en su bata. Vaya, ¿es voluntaria en el hospital? Parece que todo el mundo le sonríe y la quiere. Además, le ha dado exactamente igual dejar a su novio, ¿Ves lo que yo decía? Va siempre sonriendo y desprendiendo perfección, creo que empezará a brillar en cualquier momento.
-Sí, eso parece.
Yoko se adelantó un poco, pues había perdido de vista a Mia. Entró en una habitación que parecía dónde guardaban los uniformes. Allí había dos enfermeras hablando.
-Sí... acaba de llegar, creo que ayer fue a la peluquería, trae el pelo más ondulado y moreno.
-¿A la peluquería? Yo hace meses que no puedo ir con mi sueldo¡ Ella es una simple voluntaria y mírala, ¿cómo puede ser tan repulsiva?
-He oído que estaba saliendo con el líder de un equipo de deporte de su universidad...
-¿Qué? Será...
-Sí, es asqueroso, lo sé... además... ¿Has visto lo que come? ¿Cómo puede estar tan delgada? Debería morirse y dejarnos tranquilos a todos.
-Guau...-susurró Yoko.
-¿Sorprendida?
-!!Le acaban de sonreir hace un momento¡¡ Como si fuera su hija¡¡
-Sí.
-Bueno, pero lo que opinen dos simples enfermeras no importa, el resto del hospital...el resto del mundo la quiere.
-Sigamos.
Finalmente encontraron a Mia. Estaba en el despacho de un médico, parecía el jefe de planta, por lo grande y decorado de la habitación.
-Últimamente te estás esforzando mucho Mia, enhorabuena, eres la candidata perfecta para hacer aquí las prácticas.
-Gracias.
-Estudiante de medicina eh? Bueno... -Yoko hablaba con sarcasmo, no entendía porque el angel la torturaba con eso.
-Pero como entenderás, Mia, hay muchos más estudiantes de medicina -el hombre se levantó mientras hablaba, y empezó a poner un tono de voz más bajo y extraño para Yoko- Y aún no he visto nada en tí que me haga decidirme... creo que tendrías que ayudarme a tomar esa decisión, ¿no crees?-esto último lo dijo cogiendo suavemente el cuello de la bata de Mia-
-... -Mia se limitó a darle un manotazo y mirarle con desprecio.
-Largo, despedida.
-Vaya... ¿éste es médico? -Yoko miró al hombre con enfado, y siguió a Mia, que ya estaba saliendo mientras tiraba la bata al suelo y daba un portazo.
"Venga ya... es estudiante aún, que más da que la echen de un sitio que nisiquiera le pagaba, además para que va a querer trabajar con un médico así? es un ser despreciable y..." Mientras pensaba es lo que acababa de presenciar, no se dio cuenta de que siguiendo a Mia habían llegado a una casa. De ella salió una anciana, que recibió con mucho cariño a Mia. Ésta le dió una cesta de comida (que probablemente compraría meintras Yoko estaba pensando sin darse cuenta de nada) , se despidió y se dirigió hacia otro sitio. Repitió lo mismo unas cuantas veces. "Ayuda a personas ancianas... pero esta tía quien es, ¿la nueva mesias o algo así?... "
-¿Te parece mal que sea buena persona?
-!Sí¡ Es decir... ¡no! no es que me parezca mal...es que...
-Es que tú no puedes serlo, ¿No es así? Te gustaría ser así, poder ayudar a los demás. Pero es que no lo ves... no ves que tú, a tu forma, también ayudas. Recuerda a Deisuke, ¿no le ayudaste? ¿No se sintió mejor por la mañana gracias a tí? Claro que no vas ayudando a ancianos, ni eres voluntaria de un hospital... pero tienes el don de saber qué decir en cada situación, de saber qué necesita una persona cuando está mal. ¿No es eso un don magnífico? Pero tú lo desprecias, porque lo comparas con otros. No compares, ¿o es que acaso un árbol y una flor pueden ser comparados? ¿Cual es más bonito? !Ninguno¡ Ambos son preciosos, a su manera, cada uno diferente y hermoso a la vez, y ambos son indispensables para la naturaleza. Puede que el árbol se vea más, pero por eso no es más importante. ¿Recuerdas a esas dos enfermeras, rebozantes de envidia? ¿Sabes porqué se aislaban a criticarla? ¡tampoco veían su don! Son enfermeras, tienen la capacidad de salvar vidas... pero les da igual, porque se fijan antes en el arbol que en la flor, piensan que la flor es más pequeña e insignificante por tanto. Si cada persona en el mundo se sintiera especial, y usara el don que se le ha dado, en vez de envidiar el de los demás... ¿No sería éste un mundo mejor?
-yo...nunca... lo había visto así...
Yoko miró a Mia de otra forma. La miró de igual a igual, algo que no había hecho nunca. Se quedó observando como andaba, y fue corriendo a andar a su lado, no detrás autocompadeciendose, ni delante creyéndose superior, si no al lado. Porque por primera vez en su vida, se veía especial. Un sentimiento de orgullo la estaba llenando de fuerza. Estaba orgullosa de ser quien era. Ella, única, especial, y diferente. No había nadie más como ella. Por eso debía valorarse. Sí, había personas malas que no sabían verlo, pero... ¿qué más da?. Ella tenía, quería aprender a ver lo especial de las personas. Aunque algunos (como el médico) tuvieran esa parte bien asegurada en una caja fuerte para que no saliera a la luz.
Finalmente la chica llegó a su casa. Como se imaginaba, era una casa grande, muy arreglada y limpia, perfectamente decorada, y con muchas fotos de familiares y amigos.
-Sí que tiene amigos.
-Las fotos son del hospital, de los ancianos a los que ayuda, de sus compañeros de clase, y de su familia.
-Ah... pues vaya...
Yoko subió al piso de arriba, donde Mia estaba. Había entrado en el baño, así que entró con ella.
-!hey¡ Angel pervertido, salte fuera¡
-No soy un hombre, ni una mujer, no pasa nada porque esté aquí.
-Prefiero no pensarlo mucho... -Dijo yoko poniendo una mueca de no entender nada.
Mia empezó a desnudarse, y se metió en la bañera. Yoko notó que estaba llorando. Pero no especialmente... lloraba... como si fuera una rutina.
Algo parecido a un vicio. Sin saber poqué, se la imaginó dandose 5 minutos entre tarea y tarea para llorar.
Mientras pensaba, no se había dado cuenta de que el agua se había teñido de rojo. Yoko se sobresaltó, y se metió con ella en la bañera, intentando cogerla entre sus brazos.
-Dios mio...¿Qué haces? !!!Mia¡¡¡¡ !!No lo hagas!! ¿Porqué? Tienes toda la vida por delante, eres guapa, inteligente... esos ancianos te necesitan, y no se nada de tú familia pero...!! no lo hagas¡¡¡ -Yoko empezó a llorar- Lo siento... te he tratado como te tratan todos, teniendo una idea perconcebida de ti... pensaba que eras una estúpida perfecta y feliz, pero ahora lo entiendo... solo intentas ayudar al mundo,ser lo mejor posible, mientras él te trata tan mal... y no puedes aguantarlo más. No sabes qué hacer, quieres que alguien te quiera, esté a tu lado... te comprenda y sea feliz contigo -Yoko se secó la cara un poco- ¡Yo lo haré! Iremos juntas al parque y podremos ver los árboles y las flores¡ Son muy bonitas, ya veras, tan bellas como nosotras. Y las protegermos de los malvados que quieran marchitarlas¡¡ Protegeremos el parque de quien quiera tratarlo mal... ¿No te gustaría? Por favor... !!!no te mueras¡¡¡¡
Yoko gritó con todas sus fuerzas, hasta que le dolió la garganta, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos y caían al suelo. Se desplomó sobre el lado contrario de la bañera, abrázandose a sí misma y gimiendo.
-Porqué... porqué la traté yo también así...
Mia lloraba... pero sintió algo. ¿Qué era? Quizá arrepentimiento... pero no podía volver atrás. Nunca había vuelto atrás, cuando tomaba una decisión, nunca la abandonaba. Así que agarró la cuchilla aún con más fuerza, y se dispuso a hacer presión. La herida aún era superficial.
Yoko seguía llorando y gritando. Y miró a angel.
-Por favor.. ayúdala... ¡Ayúdala!
-Solo tú puedes hacerlo.
-Yo... Mia... escúchame... dime¿ porqué? Dímelo¡¡¡
Mía, sin saber porque, tuvo la necesidad de explicar algo...
-Yo... no aguanto más... he sido tan perfecta toda mi vida. Miento, he sido tan... hipócrita. Siempre he intentando hacer lo mejor para los demás. He sacrificado tantas cosas... Y no me he centrado en mí. Hoy he cortado con mi novio...¡y me ha dado igual! No estaba con el porque le quisiera... simplemente, tenía que estar con alguien, quería que llenara el vaciío que hay en mí...pero no lo llenó.... sólo me quería para utilizarme. Y así todo el mundo. Yo intento mejorar, ser mejor persona, ayudar... pero la gente solo se aprovecha de mí y luego me desprecia. Y no aguanto más... yo creía en un principe azul que vendría y me rescataría, me sacaría de esta prisión que me he forjado. Porque, aunque no lo parezca, mi rutina es una prisión. Estoy encerrada, no puedo salir de la imagen que yo misma me he creado. Ya no peudo divertirme , porque no tengo amigos, todos me envidian. No puedo amar, porque no hay hombre que me ame de verdad, solo me desean. He decidido ser perfecta para tener cariño y amor... y es justo lo que he perdido... porqué...porqué nadie me quiere... porqué no pueden ver lo que hay dentro de mí... Sólo ven
lo que hay fuera, en este caso es bonito, y qué pasa , que por ser bonito no puede haber algo bello dentro también? Sólo las personas imperfectas pueden ser buenas?... -rompió a llorar.
-¡Claro que no! Parezco una hipócrita yo también. Me he estado dando cuenta desde antes... pero es ahora cuando intento transmitirtelo, justo cuando te estás suicidando. Parece que lo haga por pena. Pero no es así. Eres mi igual. No eres superior a mí. Eres igual que yo. Y quiero que seamos amigas, y que veas lo especial que soy yo, para que yo peuda ver lo especial que yo soy. Aguanta, tienes que aguantar, y luchar, y hacer lo que quieras hacer, no lo que pienses que tienes que hacer. Si alguien tiene que quererte, que te quiera por como eres, no por lo que aparentas ser.
Mia no escuchó absolutamente nada. Pero lo sintió todo. Sintió que del otro lado de la bañera surgía una fuerza y iba hacia ella, apoderandose de todos sus sentidos. No estaba bien ser una suicida, la gente diría que estaba loca. Y si no lo hacía, la llevarían a ese hospital donde todo el
mundo la criticaría por haberlo intentado. Y sus padres la reñirían. Y todo el mundo la miraría mal. Sonrió. Eso era justo lo que quería. Sí, quería sentirse viva llevándoles la contraria, haciendo lo que quisiera, siendo ella misma.
Salió de la bañera y cogió su teléfono móvil
-Necesito...una ambulancia.
servido por nessa-san
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8 Marzo 2008
Lentamente fue abriendo los ojos, se quedo observando el sol, mirandolo. Era muy bonito, y brillante, nunca lo había visto así... Quizá porque normalmente... molesta mirar el sol directamente. Cuando se dio cuenta, se incorporó rápidamente. Se sentía rara... o mejor dicho, no se sentía.
Miró a su alrededor, y vió como todo el mundo la miraba. La gente se agolpaba su alrededor, inquietos pero sin atrever a acercarse más. Odiaba esa mirada, todos aparentaban estar afectados, pero realmente les daba igual... y además, por qué les importaba tanto? sólo se había tropezado.
"seguro que tienen un buen día y mmuchas ganas de ser buenos samaritanos".
Según Yoko, las personas solo tenían dos motivos para preocuparse por los demás, uno, que les conveniera de algún modo, y otro... que
quisieran limpiar su conciencia.
Y ahí estaba, entre un tumulto de seres deseosos de limpiar su conciencia. ¿Qué habrían hecho? Robar, ser infieles, engañar... ¿que fue lo suficientemente grave como para hacer sentir a una persona la necesidad de preocuparse por otra?. Realmente, le daba igual. Así que se levanto, sin hacer el más mínimo gesto de agradecimiento, y miró al suelo por si se le había caído algo.
Y ahí estaba, pálida, tirada en el suelo... su propio cuerpo.
-Mierda. -Fue lo único que pudo decir, fue la única palabra que resumió toda la situación.
-Estoy acostumbrado a la negación, la pena, la desesperación... he de decir que me sorprende tú...indiferencia.-una voz masculina atravesó la muchedumbre, dirigiendose a ella.
-... -Yoko simplemente se sentó en el suelo e intentó poner su cuerpo en una posición más decente.
-Acompáñame.
-Esto es ilógico, después de la muerte no debería haber nada, quiero poner una queja.
-jajaja... bueno, aún no estás muerta, si eso te consuela...
Se oía una ambulancia de fondo. Yoko se limitó a seguir mirando al suelo.
-Bueeeno... veo que no, sabes, me han mandado para...
-Si no estoy muerta, simplemente vete, seguiré a mi cuerpo hasta que me ponga bien.
Los médicos cogieron el cuerpo de Yoko y lo pusieron en la camilla, dispuestos a llevarselo a la ambulancia lo antes posible. Tenían mala cara. Y era normal, cuando se fijó, vió un gran charco de sangre a sus pies. Empezó a encontrarse mal mientras miraba como pinchaban y manipulaban su cuerpo, era una vision espeluznante. Apartó la mirada, y se dio la vuelta lentamente.
No tenía más remedio, no quería verse así. Así que siguió a ese extraño, que ahora estaba pasando otra vez entre toda esa gente. Mientras le seguía, se fue fijando en las caras. Reflejaban curiosidad, sobre todo, y un gran intento de mostrar tristeza. Todos se forzaban en mostrala, no la conocían, les daba igual lo que le pasara...pero estaba mal visto que fueran indiferentes, en esa situación, todos deben estar tristes. Y así lo aparentaban. pero no podían ocultar ese atisbo de curiosidad en el fondo de sus miradas. Cuando pasó a todo el mundo, se fijo en un chico. No estaba junto al tumulto, sino que estaba alejado, sentado en un banco, ausente. Se parecía bastante a ella. Le llamóo la atención que él no se había acercado a cotillear. Parecía que ni se enteraba de lo que pasaba a su alrededor. Se acercó a él y le miró fijamente. Alzó una mano delante suya y la movio, para comprobar que, efectivamente, absolutamente nadie era capaz de verla.
-¿Te interesa? Preguntó el incansable hombrecito.
-No, solo me sorprende su forma de actuar.
-Bueno, básicamente, en eso has basado tus relaciones durante toda tu vida, no?
-...
-Está bien, sigámosle un poco, veras como, después de todo, es una persona.
-Claro que es una persona... pero parece diferente a los demás, algo muy raro hoy día.
-¿A qué llamas tú diferencia?
-Nisiquiera se ha inmutado por lo que ha pasado, no intenta aparentar algo que no es, no me conoce, y le doy igual, no tiene porque aparentar que se preocupa por mí. No intenta ajustarse a la sociedad, no es una simple oveja.
El chico se levantó, y comenzó a andar hacia el lado opuesto a donde había ocurrido todo. Yoko le siguió, junto a aquel hombre.
-Dean, le llamaré así.
-¿Porque quieres ponerle nombre?
-No quero seguir a un desconocido.
Dean andaba arrastrando los pies, como si le pesara el cuerpo. Vestía unos vaqueros desgastados y una camiseta negra y ancha. Tenía el pelo largo y recogido en una coleta. No parecía muy interesado en el mundo.
Al fin llegaron a su casa. Era un sitio bastante acogedor, con un gran jardín. Al entrar Yoko se sintió extrañada ante el gran contraste que habá entre él, y la casa. Por un lado, el lugar estaba repleto de colores alegres, era grande, luminoso, un sitio donde a cualquier persona le gustaria vivir...y por el otro lado... bueno, por el otro lado estaba él.
Una vocecilla de mujer resonó desde la cocina, con un tono muy alegre y cantarín.
-Deisukeeeeeeeeeeeeee ven a comer yaaaaaaaaaaaaa
Dean se limitó a subir las escaleras con tono lúgrube y a dar un portazo al entrar en su habitación.
-vaya... que simpático es... -susurró Yoko.
-¿No te recuerda a alguien?
-... no... yo no soy... yo no era... espera, ¿que sabes tú de mí? ¿Quien eres tú?¿Un ángel?
-jajaja... llamame como quieras, se te da bien poner nombres... y no, no soy un angel... ya te he dicho que no estás muerta.Subamos.
Deisuke se había tirado en su cama, y parecía tener la intención de no moverse de ahí. Justo cuando Yoko fue a mirar una estantería llena de libros que había a un lado de la habitación, el chico habló, como pensando alto.
-Me gusta leer...
Yoko se sobresaltó, y le miró, pero no era como si él supiera que ella estaba ahí. Era un chico muy raro, a su parecer. Así que se fijo en un peluche que había en la mesita de noche. Un osito marrón, que no pegaba con el tono oscuro y gótico de la habitación. Así que fue a echarle un vistazo. Eso de fisgonear en casas ajenas sin que nadie la viera empezaba a gustarle.
El chico volvió a hablar, pero esta vez mirando al osito.
-Es un regalo.
Yoko levantó la vista rápidamente, y miró a su alrededor haciendo una mueca.
-esto...puedes...verme?
El chico se limitó a volver a mirar el techo.
-Oye... angel (decidio llamar asi al hombre extraño), crees que peude vernos?
-No lo se. ¿Crees que alguien puede verte?
-... Siempre he sido invisible, la verdad es que en el camino hacia aquí, no me he sentido nada rara. Pasaba entre la gente como un fantasma, nadie notaba mi presencia, y yo no interaccionaba con mi entorno. Ahora mismo, soy exactamente igual que siempre... simplemente, ahora es literal, nadie me ve. Pero que mas da... estoy mejor así.
-Mira a tu alrededor... esta habitacion, no es demsiado oscura? pero... has visto el resto de la casa? es preciosa¡¡¡ No tiene amigos, pero no puede tenerlos, si se encierra aquí, intentando que lo que le rodea sea triste. ¿No te recuerda a tí? ¿No es el invisible también?
-... Yo no tengo la culpa...
-¿Entonces quien la tiene? Mirale a él, analízale a él, que es igual que tú, porque a veces es más fácil ver los defectos de los demás.
Yoko miró a su alrededor. Todo estaba desordenado, y no había ni una sola foto, ni nada que diera a entender que tenía amigos. Su escritorio estaba repleto de cosas, y el ordenador encendido. "se tira la vida ahí, seguro...".
Entonces se acercó a la ventana, daba a un jardín precioso, y el cielo estaba despejado ese día. Era un cielo precioso, era un día para disfrutarlo.
-¿Porqué no sale a disfrutar del día...?
-¿perdona? Puedes decirme...¿a donde ibas tú antes de que tropezaras?
-Bueno...yo... estaba volviendo de clase.
-Ibas a tu casa, a encerrarte. A meterte otra vez en ese absurdo mundo que te has creado, donde todo el mundo te odia. Donde eres invisible y no le importas a nadie.
-Tú no sabes...
-Yo lo se todo, y ahora simplemente observale. No hables, solo piensa.
Pero no había mucho que mirar. Deisuke se quedó dos horas tumbado sin hacer absolutamente nada. Luego, le entró hambre y comió restos de pizza qeu tenía guardados en una caja en su escritorio, y se puso a hacer cosas con el ordenador.
Ya entrada la noche, se fue a dormir. Su vida no parecía muy divertida. Se metió en la cama, y, para sorpresa de Yoko, cogió el osito de peluche y lo abrazó. Parecía que se iba a quedar dormido de un momento a otro, mientras abrazaba fuertemente al osito. Yoko se le acercó para mirarle más detenidamente... entonces él la miró. Pero no como si la viera, si no más bien como si la sintiera. Él sabía que ella estaba ahí. Eso era más de lo que la mayoría de la gente sentía por ella. Sin dar explicaciones, y sin entenderse a ella misma, se tumbó a su lado, mientras veía que el chico estaba empezando a llorar.
"Su vida es tan monotona... Y el único momento en el que es él mismo, es cuando se mete en la cama... y la única manera de desahogarse, de salir de su propia celda... es llorar, llorar desconsoladamente, para demostrarse a sí mismo y a su entorno que está ahí, que sufre. Sé lo que siente, sé como mientras sus lágrimas salen, se esfuerza en gemir todo lo alto posible, en desgarrar su garganta con gritos ahogados mientras su cara se humedece... porque quiere que todo salga, quedarse vacío, sin tanto dolor... ¿Sólo sabe hacerlo así?... ya veo... yo también lo hacía, también pensaba que la única manera de que todo saliera era llorando desconsoladamente, o mostrandome furiosa... como podría..."
Yoko se incorporó, le miró, y le abrazó, todo lo fuerte que pudo. "Así... así es como te sentirás mejor... ese osito no puede absorber tu dolor, no puede compartirlo contigo... pero yo sí... abrázame, fuerte, trasmíteme tú dolor, es la única manera, y la única que funciona... compartir el dolor... es lo que siento ahora que te veo así... tal y como yo estaba anoche mismo"
Deisuke no vió nada, solo percibió un calor extraño que le rodeaba y le consolaba... y dejó que eso le recorriera todo el cuerpo... hasta que se quedó dormido.
A la mañana siguiente, Deisuke se despertó diferente, despejado. No tenía nada que hacer, pero quería hacer algo... miró por la ventana. Había mucha gente por la calle ese día, cosa normal los sábados. Aunque no solía abrir la ventana para no ver a nadie, pero siempre escuchaba los gritos de los niños fuera. Se sentía bien, la brisa fresca le rozaba la piel, y el calor era agradable. No se había parado a hacer eso antes... y no sabía por qué. Se sentía mucho mejor...
servido por nessa-san
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